domingo, 14 de noviembre de 2010

fin de semana


Las tardes son cortas, la luz se esconde temprano y el frío, el viento y la lluvia se dejan ver a menudo.

martes, 2 de noviembre de 2010

halo en luna llena


A finales de septiembre a eso de la una de la noche, subí a la terraza para ver la luna que ese día estaba llena. El cielo estaba parcialmente cubierto de nubes medias y altas que pasaban deprisa. Cuando la fina capa de nubes altas quedaba delante de la luna se producía un bonito halo alrededor, que pronto se tapaba con las otras nubes. A pesar de mis esfuerzos, esta es la mejor imagen que pude captar. Me falta aún mucha técnica y quizás algo de equipo para conseguir fotos más decentes de los astros. Pero lo mucho que disfruto con el espectáculo que continuamente se desarrolla sobre nuestras cabezas y lo que intento captar con la cámara en esos momentos compensan con creces el resto de limitaciones.

Desde agosto he visto algunos halos solares que he intentado captar http://mundorero.blogspot.com/2010/08/un-halo-en-el-cielo.html. Octubre ha sido un mes propicio y la suerte y un poco de observación y "experiencia" han hecho el resto.

sábado, 16 de octubre de 2010

lisboa


Hacía ya un buen rato que era de noche. Los días eran muy cortos pero no demasiado fríos ni húmedos y a media mañana el sol lograba despejar la niebla y secar las calles y los tejados. Había salido a esa hora, cuando era agradable pasear por las concurridas calles de la Baixa. Desde Restauradores había ido por Rossío hasta la Praça da Figueira y se había sentado un rato al sol a ver pasar la mañana. Le gustaba esa plaza y solía ir a menudo. Después un café en la Rúa da Prata y a callejear sin prisas hasta el río. Pintores callejeros, tiendas y puestos de recuerdos, turistas y la diáfana Praça do Comercio. A mediodía volvió sobre sus pasos y fue a comer a una de las tabernas de la Calzada do Duque. Alargó la sobremesa charlando con los camareros y los parroquianos que eran clientela fija mientras tomaban café. Cuando salió estaba anocheciendo y decidió subir al Chiado, que estaba a rebosar de gente. La Rúa Garrett le pareció un poco pretenciosa y caminó deprisa hasta otra taberna en la Bica. "Bifinhos e caneca de vinho da casa". Volvió a la Baixa para ver a las vendedoras de castañas en las esquinas con el humo escapándose de los conos e inundando el aire con ese maravilloso olor... Había vuelto a bajar la niebla. De repente, al cruzar el Largo da Sé lo vio bajar a toda velocidad, sólo tuvo tiempo de saltar hacia atrás y sentir el frío y la dureza de los adoquines lisboetas mientras las luces y el chirrido metálico se perdían en la curva.

martes, 5 de octubre de 2010

arco iris en las nubes


A finales de septiembre el otoño recién estrenado hace que el tiempo empiece a inestabilizarse. Los días de sol, que aún calienta se alternan con otros de lluvia y viento. A lo largo de este día las nubes altas fueron decorando el cielo azul intenso, y pasadas las tres de la tarde, al pasar por el parque levanté la vista para ver las hojas que empezaban a amarillear y descubrí este arco iris en una nube que jugaba con el sol. El tiempo estable duró unos días más, con mediodías calurosos y noches frescas. Durante muchos atardeceres se han seguido viendo reflejos del sol en las nubes, aunque un arco iris como este no es tan frecuente de ver.

domingo, 26 de septiembre de 2010

anochece

Lentamente la luz del cielo y del agua van cambiando de color y tonalidad hacia el azul oscuro y se levanta una brisa fresca que calma el calor del día. Después de bajar del vaporetto que nos trae de vuelta de las islas cercanas reponemos fuerzas en una pizzería. Al poco rato las apariencias cambian y las calles y canales ya no son los mismos. A nuestra espalda queda la laguna Véneta con su tranquilo ir y venir de barcos y las cercanas islas de San Michele y Murano; hacia oriente la brillante luna. Los canales del norte de la ciudad, de este sestiere que no se deja apabullar por las masas de San Marco se van dejando acunar por la calma de la noche, con suaves vaivenes que mecen las barcas amarradas.

jueves, 23 de septiembre de 2010

el otoño y la vendimia


La madrugada del 23 de septiembre cambia la estación. Se produce el equinoccio de otoño en el hemisferio norte. A las 5:09h (3:09h UTC) el Sol se coloca en el primer punto de Libra haciendo que el día y la noche tengan la misma duración y que entremos en el otoño. Además la Luna está llena en Aries a las 11:17h (9:17h UTC).
El final de verano ha traído tormentas y el tiempo poco a poco cambia, aunque todavía hace calor. El verano se despide lentamente, la luz disminuye de intensidad poco a poco y cada vez las noches serán más largas.

El inicio del otoño trae la vendimia al campo y también todos los recuerdos de la infancia en el pueblo: el calor húmedo y las primeras lluvias, el tráfico en las calles de gente que termina la larga y dura jornada en el campo, los tractores tirando de remolques cargados hasta los topes de uvas al final de la tarde, las bodegas a pleno rendimiento, las uvas dulces y pegajosas, el olor del mosto que empieza a fermentar, ... y el arrope!!! Las tardes en la calle hasta el anochecer, que ya eran mucho más cortas que en verano...
La vida ligada a las distintas épocas del año, al compás que marca la naturaleza.

sábado, 11 de septiembre de 2010

el león de San Marcos

 
En aquella época, la República Serenísima era el estado más poderoso del Mediterráneo. En multitud de puertos desde las orillas del Adriático hasta el mar Negro, desde Alejandría a Estambul, poseía privilegios, almacenes y magistrados... En tierra gobernaba sobre casi todo el norte de Italia, incluidas Brescia y Bérgamo, las ricas ciudades de Lombardía, y había establecido buenas relaciones con los países de Europa. Sus barcos mercantes levaban anclas desde el Egeo a Flandes, en dirección a Inglaterra o a los puertos del Báltico y los almacenes de los palacios de mármol que daban al Gran Canal rebosaban de especias y porcelana de Extremo Oriente, de China, a la que sólo había llegado Marco Polo, de cerámica de Anatolia y de vinos de Creta, de cobre, hierro y plata llegados del norte, de paños ingleses y pieles siberianas. En las enseñas de los navíos que surcaban los siete mares, el viento hacía ondear la melena del león de San Marcos...

"Los turbantes de Venecia"
Nedim Gürsel