lunes, 31 de mayo de 2010

hacia el noreste


Aunque los cielos de la ciudad no son los más idóneos para observar lo que ocurre cuando el sol calma su intenso fulgor de mediados de primavera, son los que tengo siempre a mano y muchas veces son con los que hay que conformarse. Pero aún así merecen la pena.

El jueves pasado la luna salía poco después de las nueve y media. Unas tres horas y media más tarde estaba llena en Sagitario. Después de la puesta de sol y de saludar al brillante Venus dirigí la mirada hacia el este, esperando ver la pálida luz de la luna asomar enorme por el horizonte. Pero las previsiones meteorológicas no se habían equivocado: allá, hacia levante, se acumulaban las nubes haciendo que la luna no se viera hasta que no hubiese subido por el cielo lo suficiente como para poder asomarse por encima de ellas.

Esperé a ver la luna, que no tardó mucho en alumbrarme, aunque ya no tan grande y amarillenta como cuando aparece entre la tierra y el cielo. Mientras esperaba estuve mirando al noreste para ver y escuchar bastante alejada la tormenta. Pude ver los cúmulo nimbos iluminados por los relámpagos y escuchar su lejano retumbar mientras, por encima de las nubes y de mi las estrellas brillaban tenues.

martes, 25 de mayo de 2010

lunes, 24 de mayo de 2010

martes, 18 de mayo de 2010

luna y venus


Aunque el momento propicio fue este fin de semana pasado, hasta hoy no he subido a la terraza a ver la conjunción de la Luna creciente con el planeta Venus. Hoy el cielo está surcado de pequeñas nubes altas que se tornan violetas después de la puesta de sol. Es entonces cuando aparece de nuevo el brillo del planeta y la luna muestra su sonrisa. La temperatura es ideal, calurosa aunque con una ligera brisa y hasta arriba, además del ruido de la ciudad, sube el olor de las flores que al anochecer despliegan sus aromas primaverales. La luz del ocaso se alarga y las noches se hacen cortas y cálidas.

miércoles, 12 de mayo de 2010

al fresco



Han pasado muchos años, tantos que las arrugas de su frente casi no pueden contarlos. Ha visto muchas cosas en esta calle y ha compartido tantos y tantos secretos con su amiga... Conoce al detalle la vida de cada una de las personas que tiene como vecinas. Sabe cosas que nadie imaginaría.
Desde que tiene memoria recuerda pasar las tardes al fresco, en compañía de su amiga y de esas dos sillas de madera que han visto envejecer con tanta dignidad a las dos mujeres. La misma dignidad, elegancia y nobleza, el mismo porte. El tiempo no ha perdonado a ninguna pero si ha querido mantener una parte de lo que un día fueron.
Ellas ya no están sentadas al fresco en la calle. Ya no queda nada de su cotidiana presencia. Nada excepto el recuerdo.

viernes, 7 de mayo de 2010

sábado, 1 de mayo de 2010

primavera roja



Cuando el año es lluvioso la primavera es especialmente generosa. Los campos de la meseta rebosan vida, olores, colores y sensaciones. Las siembras de cereales se llenan sin pudor de amapolas de un rojo fulgurante que brillan con la fuerte y nítida luz del sol y se mecen con la brisa. ¡Que mejor momento para pasear sin prisas por los caminos! La naturaleza sabrá recompensarnos.